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Ayuntamiento de Alguazas


Alguazas y la Navidad en Familia.

Artículo publicado por el diario "La Opinión" de Murcia, en su página 19, el pasado domingo 27 de diciembre de 2009.

El tiempo de Navidad nos ofrece a todos, excepcionalmente a los padres, ocasión especialísima para que los chicos y con ellos la familia entera se adentren en el misterio cristiano de la Encarnación del Verbo y del Nacimiento del Hijo de Dios..

 


Muchas madres se quejan (en algún momento de excesivo agobio) de que las vacaciones de los hijos sean en Navidad, en Semana Santa o en verano. Suponen doble trabajo para ellas. «Vacaciones para los demás; pero, para mí, nada». También los padres aunque llevan menos el peso de la casa, hacia el final de las vacaciones comentan: «Ya va siendo hora de volver a los estudios». Los mismos chicos, al final de unos días de cierta holganza, comienzan a aburrirse, están más nerviosos y más peleones, sobre todo cuando hay que estar mucho tiempo en casa.

 


Hay que saber aprovechar ese tiempo y especialmente el de Navidad, pues durante estos días la vida familiar puede estrecharse; de hecho, ya hay más horas para estar en casa. La conversación con los hijos puede ser más reposada, especialmente con los pequeños, con los que aún valoran más el afecto paterno y la alegría doméstica, que no el ruido o el ambiente de una discoteca. Son demasiadas horas las que los hijos pasan fuera del domicilio familiar, dado que en muchísimos casos ambos progenitores trabajan fuera, y cuando vuelven a casa, lo hacen cansados de la dura jornada de labor, y con los nervios a flor de piel por las trabas que la vida diaria nos va poniendo en el camino.

 


Yo aconsejo como práctica piadosa muy profunda y como catequesis espléndida para chicos y mayores, que se siga haciendo el belén en los hogares, con intervención de todos. También el canto de villancicos coreados por todos, bien o mal, con el papá a la cabeza, sin contraponerlo al árbol de Navidad porque también la costumbre del árbol es cristiana en su raíz, desde el siglo XVI, en que los países nórdicos empezaron a reunirse en torno a un árbol, símbolo de la gracia alcanzada por la Encarnación y por la muerte en el árbol de la Cruz de Jesucristo... Ambos usos pueden complementarse y conviene explicarlo a los niños.

 


Recuerda el Cronista sus años infantiles en Alguazas, donde la proximidad de la fiestas navideñas estaba potenciada por la escuela y la familia. Las maestras y maestros competían sanamente entre ellos por adornar las diversas clases, enseñarnos villancicos, implicarnos en el montaje de los belenes de aula, y enseñarnos a confeccionar adornos que también llevábamos para engalanar nuestras casas. Gratos recuerdos pues, de aquellos admirados docentes, doña Antonia García Ayala, doña Laura Egea Quiles, don Francisca Manzanera Romero, don Antonio Matencio Orts, don Miguel Matencio Capel y don Antonio Pons Lloret.

 


Nosotros construíamos los propios instrumentos musicales, panderetas, carracas, con una caña la popular cascañeta, o bien poniendo a secar una piel de conejo, para una vez seca, colocarla en un bote de hojalata usado y confeccionarnos las zambombas.

 


La iglesia parroquial de San Onofre era parte esencial en estas conmemoraciones, tanto en vida de don Antonio Garre Ortín, como posteriormente durante el párroco don Antonio Meseguer Montoya. Cuando llegaban las fechas acostumbradas daban comiendo las Misas de Gozo, a hora muy temprana, para que nadie faltase al trabajo, y al terminar las mismas la juventud paseaba alegremente por el pueblo cantando y tañendo los instrumentos musicales, desde el templo parroquial hasta las proximidades del paso a nivel del ferrocarril, sin olvidarnos de degustar el consabido café de cebada, en el bar del Mangón, aromatizado con unas gotas de anís.

 


Para esas misas no hacía falta que nuestros padres nos despertasen, pues la madre naturaleza ponía un despertador especial en nuestros organismos, que nos avisaba que era la hora de dar el salto de la cama y sin desayuno previo ni alimento alguno volábamos más que corríamos camino de la iglesia. Y no digamos de la Misa de Gallo en la Nochebuena, con el templo repleto de gente que asistía con fervor a la celebración y se deleitaba escuchando al coro parroquial, sobre todo en el momento de interpretar el Momento musical de Schubert, donde Perico el de Ángel de las Cabras hacía un solo, en el que sacaba notas celestiales de su afinado instrumento.

 


Por estos años los viejos auroros de la campana local iban falleciendo uno tras otro, hasta que la antiquísima institución acabó por desaparecer, sin dejar rastro, tras la muerte de Carlos el Martino y Martín el Pijorro, sus últimos componentes.

 

 

Luis Lisón Hernández
Cronista Oficial de Alguazas