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Ayuntamiento de Alguazas


Un San Onofre en el Caribe

Artículo íntegro publicado en el Programa de Fiestas 2008 a cargo de Ulpiano Céliz García.

Como no podía ser de otra manera, San Onofre se incorpora al santoral americano de la mano de los españoles en una fundación de la costa norte colombiana.

 

 

                                             Imagen de San Onofre. Colombia.

 

 

 Hay una ciudad en el Caribe cuya sola evocación nos trae a la memoria el recuerdo de antiguos galeones y veleros, de saqueos y abordajes, historias de piratas, bucaneros o corsarios, en medio de playas paradisíacas de blancas arenas y aguas esmeraldas: se trata de Cartagena de Indias, baluarte inexpugnable del imperio español en América. Temida y codiciada a la vez, sus muros encerraban cuantiosas riquezas y mercancías que eran luego transportadas por la flota de Indias hasta la Península. Esto provocó que desde muy pronto se despertara la codicia de naciones que como Inglaterra habían hecho del saqueo y el pillaje a los barcos y ciudades de España en América un medio de vida: la piratería.

 

Hacía ya mucho tiempo que Cartagena había dejado de ser presa de piratas, desde aquella primera vez en 1544 en que se presentaron los franceses por sorpresa y amargaron la boda de la hermana del gobernador y fundador de la ciudad, Pedro de Heredia, llevándose un buen botín de oro, que hubiera sido mayor, si como se dice, los españoles no les hubieran engañado fundiendo candelabros de cobre. Luego vendrían Drake y Hawkins entre otros, pero las imponentes murallas y fortalezas terminaron convirtiéndola en el mayor castillo de Tierra Firme.

 

En pleno siglo XVIII, reinando nuestro rey, el ilustrado Carlos III, comentan con ironía los cartageneros el fracasado ataque del inglés Vernon en 1741 y su ridículo final.

 

¡ Y todo por una oreja ¡ Así pasó a la historia como la “guerra de la oreja de Jenkins”, un contrabandista inglés al que los españoles apresaron y cortaron una oreja que luego le devolvieron. Jenkins consiguió llegar a Inglaterra con su oreja metida en un frasco y mostrarla en el Parlamento, levantando oleadas de patriotismo y un encendido discurso de William Pitt. Fue la guerra. El Parlamento designó para castigar a los “perros españoles” a Sir Edward Vernon como almirante de la mas poderosa flota que viera el Caribe: 30.000 combatientes en mas de 100 barcos con toda la artillería. Y con sólo seis de ellos tomó Portobelo. El siguiente paso es Cartagena, pero ¡ay!, enfrente tiene a D. Blas de Lezo, comandante de la plaza, insigne y heroico marino, tuerto, cojo y manco, que responde a las bravatas de Vernon sin amilanarse: “Hubiera estado yo en Portobelo no hubiera usted insultado impunemente las plazas del rey mi amo, porque al ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía....” El sitio no es lo que se esperaba y se convierte en un suplicio para el inglés, pero cuando por fin cae el castillo de Bocachica todo parece acabado para los españoles.

 

Las noticias vuelan a Londres donde se acuñan medallas conmemorativas del “triunfo final” : “Verdaderos héroes británicos tomaron Cartagena”. Pero Cartagena no se rinde. La bandera española sigue ondeando en esa monstruosa defensa que es el castillo de San Felipe de Barajas, y por si fuera poco aparece la fiebre amarilla. Los hombres caen como moscas. Un buen día Vernon levanta el sitio y se marcha. Se dice que la aventura le ha costado al inglés mas de 20.000 soldados.

 

Ahora, treinta años después, todavía coleccionan los cartageneros medallas de aquellas en medio de la general risión que provocan. Las gentes se sienten seguras y el dinero comienza a correr en abundancia y se importan mercancías y obras de arte de Europa, pero la carestía de estos productos del viejo continente unida a la necesidad de autoabastecimiento de la ciudad, que estaba muy mal comunicada con el interior, movieron a D. Juan de Torrezar Díaz y Pimienta, gobernador de la plaza, a idear un ambicioso proyecto de apertura de nuevas vías y reagrupamiento de la población dispersa en villas de nueva fundación, en donde se organizara la producción agrícola y ganadera para abastecer los mercados de Cartagena.

 

Tan laboriosa e importante misión recayó en D. Antonio de la Torre Miranda, teniente de infantería, a quien le cabe el honor de haber fundado 43 poblaciones, 27 de las cuales subsisten todavía, entre ellas la ciudad de San Onofre de Torobé cuya población supera hoy los 55.000 habitantes.

 

San Onofre fue fundada el 12 de junio de 1778 con negros libertos de la hacienda Quiliten. Su nombre se debe al día de su fundación, que coincide con la fiesta del santo; en opinión de otros porque el sitio tenía características desérticas, lomas rojizas y abundantes palmeras. Según una leyenda, que todavía circula, San Onofre y Santiago, patrono de la antigua y vecina ciudad de Tolú, pelearon por el patronazgo, y pudo San Onofre desatar tal aguacero que provocó un enorme barrizal donde quedó inmovilizado Santiago. Desde entonces la calle del caño (corriente de agua que seca en verano) es la dedicada al santo.

 

La ciudad está situada a unos 13 kms. del mar y a 99 de Cartagena, siendo uno de los  municipios mas extensos de Colombia con 1.128 kms2. Posee 60 kms de costa, con varias localidades, entre ellas el puerto de Verrugas, que fue la ruta obligada de comunicación de San Onofre con Cartagena y el resto de las poblaciones ribereñas.

 

La ciudad se fundó con 178 familias que sumaban 879 habitantes y el lugar que ocupa había sido comprado a un particular por esclavos huidos de las haciendas vecinas. El terreno que la circunda es tan productivo que a decir de su fundador “desde el Diluvio no se habían cultivado tierras tan fértiles como estas”, pues ya entonces la producción de arroz era de mas de 30.000 botijas.

 

Sus habitantes, aunque muy supersticiosos, profesaban la religión católica y desde el primer momento rodearon a San Onofre de una profunda devoción. Las primeras iglesias estaban hechas de madera y techo de paja y desaparecieron en sucesivos incendios, como el de 1898. El mas voraz de todos ocurrió un 16 de marzo de 1907 y mas de la mitad de la población quedó reducida a cenizas.

 

 

                                         D. Juan de Torrezar Díaz y Pimienta

 

 

La actual iglesia se construyó entre 1940 a 1945 y en su interior se encuentra un original San Onofre, traido por un sacerdote español, del que no hay datos acerca de la fecha de su llegada, pero que ya estaba cuando la iglesia se organizó como parroquia en 1879.

 

Este San Onofre desfila en procesión por las calles de la ciudad el 12 de junio, en medio del fervor de los sanonofrinos que procuran venir ese día, se encuentren donde se encuentren, para cargar con el santo que es el sueño de todo sanonofrino que se precie de serlo, o para pedirle al santo por la salud de los hijos, por las cosechas, por conseguir trabajo o beneficios en los negocios y para que vengan las lluvias. Desde todos los lugares del municipio traen los campesinos el fruto mas grande de su cosecha para depositarlo a los pies del santo. También los deportistas cumplen su ofrecimiento: caminan al pueblo durante cinco horas de espaldas al público, con ropas muy pobres. Durante la procesión los que llevan el trono dan tres pasos hacia delante y dos hacia atrás, y cada vez que llegan a un cruce dan al santo un giro completo de 360 grados. Luego cuando la procesión termina la gente se arremolina alrededor del santo tratando de conseguir alguna flor que guardarán como recuerdo. Después se van diseminando entre los carritos de los helados, las mesas de pan, las papitas fritas, los dulces, las rifas, carritos de guarapo, el tinto y la canela.

 

Pero además de la religiosidad hay también una explosión de sana alegría y confraternidad. Ya el día 11 se realiza una serenata en honor del santo y en la madrugada del 12 se toca una alborada en la que participan numerosos vecinos; pero el festejo cívico mas popular es la corraleja, hasta tal punto identificada su celebración con la fiesta del santo que suele decirse que los toros no pueden dejar de celebrarse porque San Onofre se molesta y las lluvias se retiran.

 

La corraleja no nació como espectáculo público, al igual que las corridas de toros, sino por la necesidad de organizar la ganadería. Era entonces un ganado que vagaba libre por las sabanas, descendiente de las mil novillas que el marques de Valdehoyos trajo de España con licencia de su Majestad, y fue preciso enseñar al indio y al negro el manejo del caballo, contar las reses, herrar, descornar, etc., y estas labores se hacían coincidir con las fiestas patronales.

 

Otro acontecimiento importante en torno a las fiestas es el Encuentro de Integración Cultural Sanonofrina, en donde desde todos los corregimientos vienen a la ciudad para mostrar su artesanía y folclore, danzas negras, grupos de música vallenata, chuanas y otras expresiones culturales, con el fin de integrar regiones que conforman el municipio y rescatar y promocionar costumbres y leyendas.

 

También relacionado con las fiestas se viene celebrando desde 1991 el Festival Nacional de Cultura Afro-Sabanera, como una exaltación, a través de la música, la danza y el arte, de las raíces étnicas ancestrales del sanonofrino, un hombre trietnico descendiente de los negros que fundaron el Palenque de Torobé, los indios de las sabanas y los colonizadores españoles.

 

Tal mezcla ha dado un pueblo de gentes alegres, trabajadoras y amantes de sus costumbres, que llevan la fe en San Onofre por donde quiera que vayan. Así ocurre en Venezuela, donde los sanonofrinos celebran la fiesta de su santo y una procesión a la que concurren miles de personas.

 

No es raro que los sanonofrinos lleven siempre en su cartera algo que les recuerde al santo de su devoción: una foto, una oración o quizás aquella flor, seca ya, que quitó del trono del santo. Es cierto que será la vida tan dura para ellos como para todo el mundo, pero estoy seguro que afrontarán las dificultades con mas confianza, apoyados en tan poderoso abogado como es San Onofre.

 

                                       Iglesia de San Onofre. Colombia


 

Quisiera finalmente por un lado resaltar la coincidencia de que un santo salido de Egipto, en África, es proclamado patrón de un pueblo donde el 80% de sus habitantes son descendientes de negros africanos, y por otro lado hacer una observación y es que el dicho pueblo, hoy ciudad, se encuentra, al igual que Alguazas, no lejos de Cartagena, uno en América y otro en España, unidos por la devoción común a San Onofre.

                                       

 

 

Ulpiano Céliz García

Junio de 2008

 

 

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