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Ayuntamiento de Alguazas


Ermita de la Purísima

 

Contexto  histórico


Algunas fuentes históricas revelan que ya en 1703 podía existir esta ermita, puesto que se conocen donaciones a la Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción, titular de la misma. En 1716 en el libro de fábrica se puede leer La parroquia tiene una ermita de Nuestra Señora de la Concepción y unos bancalillos. Los bancalillos serían unas porciones de tierra cercanas al atrio del pequeño templo.

 

En todo caso la construcción de este lugar de culto debió tener sus primitivos orígenes en los comienzos del siglo XVIII ya que tras la Guerra de Sucesión, acabada en 1713, la población de Alguazas había sufrido una importante merma debido a los continuos efectivos que aportó a la contienda para apoyar al obispo de la diócesis, cardenal Belluga, en su respaldo al duque de Anjou, pretendiente al trono español.

 

En 1796 esta ermita se convirtió en el principal lugar de enterramiento debido, seguramente, a las obras que tenían lugar en la parroquia de San Onofre, que desde 1790 abordaba unas obras de ampliación y cuyo espacio de entarramientos, quizá, se encontraba ya saturado. Pero en tres años el espacio de la ermita quedó pequeño y se procedió a la adquisición de terrenos colindantes para habilitarlos como cementerio, compra de terrenos que sufragó el segundo Marqués de Camachos.

 

 

Aún se pueden contemplar en el interior de la ermita lápidas, o restos de las mismas, que nos recuerdan que el templo fue escogido como lugar de enterramiento por algunos personajes relevantes de la villa como el ministro de Fernando VII Pedro Regalado, enterrado en 1820.

 

Curiosamente una Real Cédula del 3 de abril de 1787 prohibió los enterramientos intramuros ante la situación antihigiénica que comenzaba a darse en España por el hacinamiento de cadáveres en el interior de las parroquias. Pero de las órdenes reales al cumplimiento de estas disposiciones habría un largo trecho por recorrer ya que había que prescribir, al mismo tiempo, la creación de cementerios. Hasta mediados del siglo XIX no se logró reconducir la situación, facilitando progresivamente la creación de cementerios en las villas y pueblos de la península.

 

El cementerio que ocuparía el actual atrio de la ermita y terrenos adyacentes  fue trasladado en 1862 a su actual emplazamiento, que en aquellos momentos constituiría la zona más alejada de los límites de la villa.

 

No fue hasta 1850 cuando la pequeña capilla se amplió, añadiendo una pequeña sacristía y una casa para el ermitaño. Durante años el edificio fue objeto de reformas que llegaron a elevar el piso de la nave setenta centímetros. Se eliminó la casa del ermitaño y también se talaron los primitivos árboles así como el enrejado del atrio.

 

En 1997 se procedió a rehabilitar la ermita recuperando el nivel original de su suelo y reparando las techumbres. En el lado oeste que antiguamente ocupaba la casa del ermitaño se construyeron unos salones como adenda con elementos accesorios a la ermita.

 

 

Arquitectura


La Ermita de la Purísima es un edificio de planta rectangular de una sola nave. No hay capillas laterales, tan solo el Altar Mayor y algunas hornacinas cercanas a este. La nave central se apoya en arcos apuntados que en el  interior se marcan a modo de estilizadas pilastras de aire neogótico.

 

 

A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX la arquitectura, además de los modelos neoclásicos y academicistas, fue creando nuevos estilismos que, en ocasiones, rememoraban períodos artísticos anteriores. El estilismo gótico fue recuperado por algunos arquitectos coincidiendo en algunos países europeos como Francia, con la recuperación y rehabilitación de los grandes templos del gótico medieval.

 

Al exterior el edificio es de líneas sencillas, sin elementos que llamen la atención más allá de la portada apuntada. Tiene cubierta a dos aguas sobre la nave central, y a cuatro sobre la cúpula. Los edificios anexos, posteriores a la construcción original, siguen las trazas del templo, con cubierta a una vertiente y vanos cuadrados enrejados.

 

 

La portada principal sigue el estilismo neogótico al que hemos hecho referencia, un arco apuntado enmarca la puerta de madera de dos hojas, también apuntada. Y otro arco apuntado, sostenido por las mismas pilastrillas compuestas de planta circular, enmarca la puerta y la hornacina que contiene una imagen de la Inmaculada. La cornisa de toda esta fachada es muy similar a un frontón triangular pero sin apenas espacio interno. Una espadaña metálica con campana corona toda la portada.

 
Las obras realizadas en los años noventa del pasado siglo XX cubrieron el piso original con cerámica moderna de estilo rústico así como la instalación de un altar de mármol travertino sin pulir.

 

El retablo neogótico de madera, construido en los años posteriores a la Guerra Civil, fue sustituido por un marco con elementos clásicos que rodea la hornacina de la titular, embocadura realizada en madera y dorada. Dos ménsulas sobre las que se posan dos imágenes de la Virgen Niña y el Niño de las Uvas, terminan de ornamentar este Altar.

 

La imagen de la Purísima Concepción es una talla de madera realizada en unos talleres de Valencia en los años cuarenta. Sobre la zona del altar hay una cúpula que fue pintada en fechas recientes marcando las nervaduras y escogiendo motivos simbólicos y guirnaldas en colores pálidos, en un estilo neobarroco que poco tiene que ver con el estilismo original de toda la arquitectura.

 

 

Sacra Cantero Mancebo

Licenciada en Geografía e Historia del Arte