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Ayuntamiento de Alguazas


Iglesia Parroquial de San Onofre

Alguazas posee uno de los templos más interesantes de la Región de Murcia, sin ser un templo con abundancia de elementos ornamentales o líneas arquitectónicas típicamente barrocas, (tan extendidas entre la arquitectura histórica murciana), su sencillez, la amplitud de algunas zonas y la riqueza artística de ciertos elementos atestiguan su gran valor.

 

Como casi todos los templos religiosos es resultado de distintas fases constructivas a lo largo de su historia, fases que lo convierten en un templo atípico de formas no enteramente armónicas. Explicaremos, grosso modo, el valor del templo y los elementos arquitectónicos y ornamentales que más destacan en el mismo.

 

 

 

Portada

 

La portada que actualmente se ofrece al visitante del templo es una rehabilitación de la original, realizada durante las obras de restauración del templo. Todos los elementos ornamentales arquitectónicos participan de un estilismo renacentista muy frecuente en la arquitectura española del XVII y XVIII.

 

Para la iconografía de la portada se escogió por un lado al titular de la parroquia y por otro a San Pablo y San Pedro, con sus correspondientes atributos iconográficos, mientras que la puerta lateral nos ofrece una Virgen María. Estas figuras son reproducciones en cemento que ya estaban en la portada antes de la citada restauración, por lo que en ningún caso se trata de elementos antiguos o de gran valor artístico.

 

 

Frontones triangulares partidos, columnas estriadas y las conocidas como bolas escurialenses forman parte de todo el registro estilístico de esta portada, portada que conserva la inscripción del XVII que nos recuerda uno de los momentos de fábrica del templo.

 

Las puertas de pino de la portada se incorporaron durante la restauración así como la cancela, sustituyendo ambas a puertas y cancela de hierro que, en algún momento, debieron sustituir a las originales. Solo la fachada lateral parece conservar la antigua puerta decorada con rosetones de hierro.

 


La nave mudéjar

 

Traspasada la entrada principal o la lateral de la parroquia, nos encontramos con la antigua nave mudéjar del templo. Sabemos que la Iglesia Parroquial fue construida de nueva planta en el primer tercio del siglo XVI. Existen documentos que nos revelan su existencia en 1534, una época en la que todo el pueblo de Alguazas se había trasladado de su emplazamiento original, en las cercanías de la Torre Vieja situada en la huerta de El Paraje, a una nueva ubicación. Un nuevo templo pues para una nueva villa.

 

 

La nueva parroquia se construiría con unas nuevas trazas del tipo mudéjar levantino, del que hay otros ejemplos en Murcia y cuyos primeros templos radican en la geografía valenciana. Una nave única con techo o alfarje mudéjar, construido en madera de conífera, de 4 segmentos y presbiterio, quizá ochavado, constituiría esta pequeña iglesia. Actualmente solo se conservan tres de los segmentos originales de la nave mudéjar y dos capillas laterales orientadas al norte que se irían añadiendo con los años a la planta original.

 

 

La armadura mudéjar contiene los elementos propios de estas estructuras, los pares y nudillos, los canes, el almizate (segmento central decorado con lacería y formas geométricas) y unas decoraciones bajo los bordones muy llamativas, pintadas sobre fondos rojos o verdes azulados, que por un lado nos recuerdan la secular tradición de las decoraciones florales del mudéjar y por otro dan testimonio de los grutescos renacentistas usados en el siglo XVI, jarrones y escudetes, caras monstruosas, putti y nereidas, ninfas mitológicas del mar.

 

 

Los muros de la nave mudéjar son de tapial y, probablemente, en algún momento pudieron ser pintados casi en su totalidad con arquitecturas fingidas o simples elementos vegetales.

 

 

Dos capillas quedan al norte de esta nave única, la dedicada a Nuestro Padre Jesús Nazareno, que alberga las imágenes del titular, la Virgen Dolorosa y la Verónica, y la dedicada al patrón de Alguazas, San Onofre.

 

 

Ajena estilísticamente a la zona mudéjar y al crucero neoclásico del que hablaremos más adelante, queda la Capilla del Rosario, construida en el siglo XVIII, de líneas claramente barrocas y casi rococó. En esta capilla se encuentra el órgano de tubos más antiguo de Murcia, construido en 1734 y recuperado en el 2004 para su pleno disfrute como instrumento musical que apoya la liturgia.

 

 

 

El crucero y presbiterio neoclásico

 

Traspasada esta primera nave mudéjar, el ámbito más antiguo de todo el templo, se abre el amplio espacio del crucero, espacio que forma parte del proyecto que en 1790 se comenzó a construir siguiendo los planos del arquitecto Lorenzo Alonso, a quien se había encargado la ampliación de todo el templo ante la ruina de alguna de sus zonas y la evidente necesidad de ampliación del mismo ante el crecimiento poblacional de la villa.

 

 

Lorenzo Alonso era uno de los arquitectos más conocidos de Murcia, quizá natural de Ávila, sus trabajos de ingeniería en varios proyectos de la Diputación de Murcia y la firme defensa del academicismo en los planteamientos arquitectónicos lo hicieron muy conocido en nuestra región, si bien buena parte de sus trabajos en el diseño de nuevos templos se encuentran concentrados en Albacete.

 

Curiosamente el nuevo templo comenzó a levantarse en la ubicación del presbiterio mudéjar, con la posible pretensión de ir extendiendo hacia la actual nave del XVI lo que hubiera sido un cuerpo de tipo basilical de tres naves, una central y dos laterales. Esto explica el hecho de que, actualmente, no podamos encontrar simetría alguna entre el eje mudéjar y el crucero neoclásico.

 

Quizá una circunstancia económica adversa, o un diseño que podía dificultar la conservación de las capillas laterales de la zona mudéjar, evitó que el proyecto de Alonso se continuara, lo que permitió mantener la nave mudéjar y que el campanario, que debería haberse integrado en el diseño de nueva traza, quedase fuera de la línea de fachada del templo.

 

 

En cualquier caso hoy día podemos admirar uno de los cruceros más amplios de los templos de la Vega Media y uno de los pocos de corte neoclásico que se pueden visitar en Murcia.

 

El planteamiento de Lorenzo Alonso es muy cercano a la estética palladiana, algo que se puede observar, sobre todo, en el exterior del crucero, un cuerpo cúbico que mantiene una cúpula con dos nervios que la circundan, diseño que tiene el Villa capra su exponente más excelso. Aunque salvando las distancias de la maestría de Palladio, el arquitecto de San Onofre sin duda quiso ser fiel a un concepto académico de la arquitectura basado en el seguimiento de ciertos manuales históricos como el de Vitruvio y Palladio.

 

Si observamos el interior del crucero encontramos una división longitudinal realizada con pilastras adosadas de orden jónico, muy utilizado por Alonso, que mantienen las molduras de un entablamento que recorre toda la cornisa. Un óculo cierra el paño que queda frente al altar, mientras que en el resto de paños se abren vanos de arco de medio punto, un recurso estilístico plenamente neoclásico.

 

En algunos paños, entre las pilastras, vemos cómo se abren hornacinas o arcos amplios, como es el caso de la pared sur del templo, y esto es todo un recuerdo a los planteamientos de la arquitectura antigüedad clásica.

 

La cúpula, cuyo cenit está a algo más de veinte metros de altura del suelo, es sencilla, sin nervaduras, y el presbiterio se resuelve con un gran arco de medio punto entre pilastras adosadas en el centro y hornacinas menores laterales, siendo coronado este ámbito por un vano de arco de medio punto. Como vemos, líneas sencillas y austeras que huyen de los excesos de un barroquismo casi perenne en la arquitectura murciana.

 

 

No sabemos si la ornamentación que algunos muros del crucero conservan es parte del proyecto original de Alonso. Las pechinas de la cúpula muestran a los evangelistas en una pinturas al seco cuyo autor o autores desconocemos, mientras que en el muro sur, antigua capilla de San José, se pudo recuperar, tras la restauración del templo de 1998-2003, una pintura mural al seco con arquitecturas fingidas de la que solo se conserva la figura de un Padre Eterno, ya que esta pintura mural fue destruida en parte tras la apertura de una puerta lateral en el paño a mediados del siglo XX. Las hornacinas del muro del presbiterio también escondían unas pinturas murales con arquitecturas fingidas e imágenes angélicas.

 

Las distintas capillas del templo tienen su origen en las advocaciones a las que fueron dedicadas en su momento. Algunas capillas albergan más de una imagen, con los años añadidas por diferentes circunstancias, pero en otros casos, como el de la antigua capilla de San José, solo queda de ellas el recuerdo de una lápida.

 

 

Esculturas

 

Antiguamente las capillas eran privilegios que ciertas familias podían comprar, asegurando así su entierro en el templo, pues no debemos olvidar que bajo el suelo de esta iglesia existe, como en muchas otras, un amplio lugar de enterramiento.

 

San Onofre de Alguazas no conserva ninguna de las imágenes barrocas que, sin duda, pudo llegar a tener, buena parte de su patrimonio escultórico más antiguo fue destruido durante la Contienda Civil, incluido el grupo escultórico de San Onofre que Roque López realizó en el XVIII. Las imágenes que hoy día se distribuyen por el templo son obras que, en el caso de la más veterana, son producto de la frenética actividad escultórica sacra de la posguerra, siendo la pieza más valiosa el San Onofre que el escultor González Moreno talló a semejanza de la obra de Roque López.

 

 

Las obras escultóricas de la iglesia alguaceña coinciden plenamente con el barroquismo que impregnó la tradición escultórica en Murcia y buena parte de las obras seriadas de importantes talleres como el de Olot. Las remembranzas salzillescas de las obras de San Onofre de Alguazas han aportado cierta armonía en el conjunto escultórico que se reparte por el templo, la medida justa del número de imágenes y las proporciones de las mismas permite crear un ambiente alejado de los histrionismos que, lamentablemente, se observan en otros espacios parroquiales.

 

Imágenes de vestir y tallas de bulto redondo completo se distribuyen entre capillas y hornacinas. Buena parte de ellas sale en procesión durante la Semana Santa acompañando los desfiles de las distintas Hermandades y Cofradías de Alguazas.

 

 

 

Sacra Cantero Mancebo

Licenciada en Geografía e Historia del Arte